




VIOLENCIA ESCOLAR Y VIDA COTIDIANA EN LA ESCUELA SECUNDARIA
Para entender cómo se gesta la violencia escolar entre los jóvenes se desarrolló una investigación cualitativa en una secundaria pública considerando varios factores:el papel de la institución ante este problema, las medidas que toma antesituaciones violentas entre alumnos y cuáles son las causas que las propician.Consideramos este último factor como la parte medular del fenómeno, por ello recurrimos a indagar los aspectos familiares, sociales y escolares que inciden en el comportamiento de los alumnos, con la finalidad de encontrar elementos queexpliquen el origen de este tipo de conductas.
Los padres, en realidad, no saben cómo es el comportamiento y la interacción de sus hijos con sus compañeros tanto dentro como fuera del aula; pero aún es más incierto lo que aprenden de manera cotidiana entre pares. En la secundaria se establecen muchas interrogantes sobre el desempeño académico de los alumnos así como los efectos que produce en la formación de nuevas generaciones, en otras palabras, los padres se interesan más por la superficie de la vida escolar que por su contenido real (Jackson, 1975:14).
Sin embargo, al interior de las escuelas cada vez hay más violencia y, en algunas ocasiones, se sabe de hechos que son muy evidentes y no se pueden ocultar porque salen a la luz pública, por ejemplo:
Cuatro alumnos de secundaria, el 14 de febrero, fueron por una compañera para ir a una fiesta de la cual no regresó. A las setenta y dos horas después, fue localizada por la policía semienterrada, con lesiones de ultraje y machetazos. Aún estaba con vida. Los agresores hicieron su declaración a la prensa y dijeron que "Era una presumida y nos quería ningunear. Nos caía gorda". Ambos estudiantes fueron confinados en el centro de rehabilitación para menores infractores.
El caso descrito no es aislado, es uno de tantos pero que se quedan como una noticia más. El significado de los valores se ha transformado, los jóvenes han aprendido –por su contexto familiar, social y cultural– a llamar a las acciones bajo otros conceptos: "La agresión es un juego; las armas juguetes; el dolor algo intrascendente"
¿Qué está pasando en la escuela?
Este trabajo, producto de los resultados de un proyecto de investigación realizado en Argentina entre 1999 y 2003, aborda el tema de la convivencia escolar en el nivel medio a partir de una nueva legislación que pretende reemplazar el tradicional modelo de disciplinamiento instaurado en las escuelas, por uno basado en la convivencia democrática. La indagación se basa en la observación de las acciones que los sujetos desarrollan cotidianamente en el aula con el objeto de tratar de describir e interpretar las formas de regulación normativa y su relación con el posicionamiento de los actores, en especial alumnos y docentes. El análisis indica que, pese a los esfuerzos, el viejo modelo basado en la disciplina no ha podido ser superado totalmente, coexiste con el de convivencia e incluso resurge frente al conflicto o situaciones de violencia.
la filiación de los autores a sus campos disciplinares y de ejercicio profesional
las épocas y lugares en que cada uno de ellos habita
las historias personales y de formación previa que dan sentido a sus miradas;
los niveles de análisis elegidos, que varían en coordenadas que van desde lo local a lo internacional y desde la historia remota, hacia el presente y el futuro
las motivaciones que llevan a cada uno de ellos a implicarse en este campo de trabajo, en algunos, más orientadas a la reflexión y la producción teórica; en otros, a la descripción de fenómenos particulares en relación con los contextos en que emergen; y otros más interesados por las estrategias para intervenir en la modificación de estos problemas.
El texto comienza con una introducción donde Alfredo Furlan y Claudia Saucedo brindan precisiones conceptuales, diferencian los términos disciplina, indisciplina y violencia y muestran cómo las significaciones de cada uno se han transformado y relacionado. Hacen un recorrido histórico de la investigación sobre la indisciplina y la violencia en las escuelas y reflexionan respecto de los motivos por los que se considera necesario su desarrollo y la comunicación de sus hallazgos.
Quienes hemos estudiado o trabajado en alguna institución educativa sabemos, a partir de nuestras experiencias, que la indisciplina e incluso la violencia son aspectos inherentes a su cotidianeidad a punto tal de llegar a naturalizarlas. Leyendo los diferentes textos fuimos encontrando nuevas comprensiones a lo vivido y resignificaciones de lo actuado.
La primera sección, titulada “Escenarios de construcción de la indisciplina y la violencia”, incluye siete artículos derivados de investigaciones etnográficas que, a partir del análisis de prácticas escolares –tanto estudiantiles como del personal– producen reflexiones conceptuales sobre los procesos que subyacen a los fenómenos visibles
El “relajo”, que se ubica en un límite difícil de trazar con la indisciplina dependiendo del lugar ocupado por el actor que relate los hechos,podrá ser pensado, además, como una manera de ir afirmando identidades personales y roles de género a través de la interacción social. Las aulas son el espacio central donde transcurren estos procesos con sus propias reglas y como un sistema que opera conjuntamente al de la disciplina escolar. Saucedo recupera la perspectiva de los alumnos y postula que el relajo en interjuego con el “respeto” permite a los estudiantes encontrar los límites hasta dónde se puede avanzar en las relaciones con los adultos y compañeros. Como profesores de la escuela secundaria, hemos podido resignificar buena parte de lo que consideramos habitualmente como actos de indisciplina a partir de este artículo.
El trabajo de Luz María Velásquez Reyes nos remonta, por un lado, a los recuerdos de nuestra propia constitución subjetiva como estudiantes, aquella que vivimos desde uno de los tres roles posibles en las situaciones de acoso que pueblan la cotidianeidad de la escolarización: la víctima, el victimario o el testigo. Como muestra en su trabajo, estos roles podríamos asumirlos en forma alternativa o quedar paralizados en uno de ellos, creyendo que era la única forma de transitar el obligado camino de la educación. A la vez, nos advierte que en tanto el acoso se mantiene oculto e invisible resulta aún más devastador para la vida emocional y el desempeño escolar de quien lo padece, que cualquier otro hecho de conflicto o pelea manifiesto. Asimismo, nos transporta a una nueva perspectiva para observar las relaciones que presenciamos hoy como educadores entre los alumnos, que a veces vemos con ingenuidad o con indiferencia. Muestra cuál es el rol que nos adjudican los estudiantes en la construcción de su subjetividad, en el juego de poder con sus compañeros, mismo que se realiza en la órbita de la mirada y de la puesta de límites del docente. Nos insta a una implicación más conciente en los procesos de construcción de la identidad estudiantil, conectándonos con la incomodidad que se siente al saber del acoso y no asumir, claramente, su existencia. No brinda recetas pero sí una buena herramienta para la reflexión: la interpretación novedosa de la realidad de la que somos parte.
Otro fenómeno que resulta interesante desde el punto de vista de la construcción de las identidades a partir de la interacción social, es el del “porrismo” estudiantil. Rafael Palacios Abreu indaga sobre la historia, prácticas y representaciones de esta particular forma de organización juvenil. “Ser porro” es una manera de canalizar la necesidad de “vivir la fiesta” mientras se transita por la escuela media, lo que incluye prácticas que privilegian la violencia como rasgo central; significa obtener una serie de prerrogativas y prestigio entre los estudiantes, al integrar la organización que asume su representación.
La elección del presidente de “la porra” pone en evidencia los valores asociados con una masculinidad violenta y su vinculación con la dirección del establecimiento, quien tolera y legitima estas prácticas estudiantiles, funcionales a su necesidad de control. Si bien el porrismo es una expresión de la cultura estudiantil que no se ha registrado en las escuelas argentinas, resulta estimulante para los investigadores de estas latitudes indagar aquellas prácticas y formas de organización que predominan en un ámbito local. Antonio Corona Gómez describe detalladamente el sistema de reportes y sanciones de una típica “escuela de la modernidad” y sus dispositivos jerárquicos de regulación y control de la disciplina. Presenta tablas con la clasificación de los reportes y sanciones diferenciando su frecuencia por género. A continuación, pone sobre el tapete la discrecionalidad en el reporte de las faltas a la norma, donde intervienen desde el ánimo y función del denunciante, hasta diversos elementos situacionales como, por ejemplo, la historia de las relaciones entre los alumnos involucrados en el episodio considerado. También incursiona en la temática del relajo estudiantil como una expresión cuya inclusión en las clasificaciones de faltas disciplinarias resulta problemática.
En su reflexión final plantea las ventajas de otra concepción disciplinaria denominada “de seducción” o
light más acorde con la posmodernidad y de la que derivan estrategias alternativas de resolución de conflictos, invitándonos a profundizar en el estudio de esta perspectiva.Víctor Pavía, Daniela Arias y Mónica López, en “el día que casi explotó el laboratorio”, nos muestran un interesante dispositivo metodológico para la reconstrucción de los hechos que ocurren en espacios/tiempos de nadie. Analizan la importancia de dos dimensiones de la escuela a veces ignoradas, quizás por su obviedad: el espacio y el tiempo, del control que de ellas ejerce la organización escolar y la repercusión que toma la pérdida de control de estas dimensiones cuando ocurre un hecho de indisciplina. Desde la perspectiva de los alumnos nos muestran cómo vivencian los tiempos en función de su pertenencia al profesor, a su grupo o a nadie. Vemos que la apropiación de los espacios genera interesantes estrategias para permanecer alejados del control en alumnos y profesores.
Tras el relato atrapante de una situación que impacta por su peligrosidad y novedad, se va develando la verdadera preocupación de los agentes institucionales y la motivación de las sanciones aplicadas así como desnudando los relatos de la vivencia de cada sujeto en una dinámica de contradicciones, confusiones y posicionamientos disímiles.
Abren interrogantes de interés para este caso y para las situaciones que nuestra memoria ha actualizado al leer el texto. Nos alerta para las prácticas y complejiza nuestras reflexiones sobre esta temática, sembrando las preguntas cómo y para qué decidimos realmente aplicar una sanción disciplinaria.
Los artículos de Terry Spitzer y Rosa Romo Beltrán son dos trabajos de indagación en el nivel de formación universitaria que permiten descentrar la mirada casi exclusiva hacia el nivel medio de enseñanza como escenario privilegiado de los actos de indisciplina y distintos tipos de violencia.
En su texto, Terry Spitzer realiza una minuciosa observación en unparticular centro de formación profesional de agrónomos. Sus señas sobresalientes tienen que ver con un régimen militar fundacional que persiste a pesar de su supuesta abolición en décadas pasadas. También analiza procesos de identidad en relación con la pertenencia del alumnado a sectores de agricultores pobres y cuestiones de género. Allí, la violencia e, inclusive el acoso sexual, tienen interpretaciones contradictorias según el género de pertenencia. La calidad de vida cambia según se habite una u otra de las categorías de alumnado, diferenciadas por el nivel de aislamiento y reclusión.
Romo Beltrán observa en “La construcción del discurso educativo y movimientos contradictorios que caracterizan las relaciones en el aula” cómo se materializan, en dos universidades mexicanas, conceptos de violencia simbólica, de poder y de su resistencia. En el discurso de los docentes encuentra la referencia al sentido común o a las virtudes de la práctica y la desvirtuación de la teoría, como modos de sostener la validez de los conocimientos que transmiten.
La segunda sección incluye dos reflexiones y tres propuestas de intervención. Comienza con un texto de Alfredo Furlan que, en primer lugar, nos atrae por su estilo ameno sin descuidar las precisiones y la profundidad teórica al mostrarnos su pensamiento sobre los temas de la disciplina y la violencia.
Descubre el recorrido personal que lo lleva desde la asepsia de la investigación pedagógica sobre cuestiones del currículum, hasta el interés que lo arrastra en busca de respuestas, a esa región exiliada de su disciplina: la indisciplina (valga la redundancia). Y va pincelando datos a considerar desde el estudio etimológico, matizando con la historia de la educación, toma de la filosofía, la religión y cuanta producción de la cultura le resulta provechosa para analizar el tema. Un crisol de fuentes va dando cuerpo a una seria reflexión sobre esta temática. Y sabiendo de la inteligencia de sus lectores los desafía con un humor con base en el ingenio del juego de palabras. Destacamos algo poco frecuente en publicaciones de investigación, Alfredo Furlan, se anima a realizar una re-lectura de su propia producción, en el mismo campo y sobre el mismo tema, que hoy confiesa ve con otros ojos. Y de ello desarrolla una fundamentación basada en los paradigmas ideológicos político-sociales que atraviesan la producción de conocimientos en todas las ciencias y al que él adhirió por mucho tiempo. Queda expuesto el proceso de producción de conocimientos, la construcción y reconstrucción que implica seguir las pistas hacia el encuentro de una mayor comprensión de la realidad.
Miguel Ángel Pasillas presenta “Normas y disciplina. La virtud de las razones”, el texto más abstracto y complejo incluido en la compilación. Su lectura requiere un elevado y sostenido nivel de atención, volver hacia conceptos previamente definidos y, ante todo, renunciar a la ilusión de encontrar el relato ameno de algún incidente escolar, experiencias personales u orientaciones de orden práctico. Pasillas plantea el desafío de pasar por el tamiz de un riguroso análisis lógico los enunciados en que se materializan nuestras concepciones sobre el comportamiento de los alumnos y sus motivaciones. Desde la filosofía práctica –especialmente a partir de un conjunto de conceptos de la teoría normativa– el autor invita a reconsiderar las explicaciones convencionales y de sentido común que a veces ensayamos ante los incidentes que se reiteran en la escuela y nos advierte del carácter complejo de las relaciones de causalidad en el comportamiento, donde no pueden estar excluidas las razones de la acción que resultan válidas para la perspectiva valorativa del agente. El texto aporta una metodología para pensar cómo analizamos “un caso de indisciplina” o cuándo nos interesa el estudio de los “fundamentos de las normas establecidas” para controlar las actividades escolares. En el apartado de “propuestas de intervención” encontramos el texto “La psicopedagogía y sus papel en la problemática de la violencia escolar”, donde Isabel Valadez y colaboradores, partiendo de una definición de violencia como “uso de la fuerza en contravención con una norma”, ofrecen una clasificación de sus formas de expresión, y describen los factores evolutivos, psicosociales, educativos y contextuales implicados en la génesis del los comportamientos indisciplinados y violentos. A continuación desarrollan dos grandes líneas de trabajo denominadas acciones globales y específicas para enfrentar, contener y reducir estos problemas. La primera supone el trabajo de la escuela sobre la convivencia, la colaboración y la democratización; la segunda línea de acción incluye intervenciones especializadas con los alumnos y sus padres.
Este artículo aporta lineamientos para diseñar programas de intervención que tengan en cuenta tanto los aspectos del desarrollo evolutivo individual como las dinámicas propias del contexto escolar, sin perder de vista el atravesamiento de fenómenos macrosociales.
El siguiente artículo es una investigación de Horacio Paulín acerca de los consejos de Convivencia, un intento de innovación en los modos de gestión de la disciplina puesto en marcha en una escuela de Córdoba, Argentina. En el plano conceptual este trabajo alerta sobre las lecturas ingenuas de los procesos aparentemente democratizadores que se llevan adelante en la escuela. El autor busca, desde los sentidos fundantes y las urgencias sociales, las razones que motivan la emergencia de los dispositivos de poder disciplinario y muestra las transformaciones sufridas hasta su aplicación.
Denuncia como obstáculos en la operación de los consejos de Convivencia la despolitización de la propuesta por parte de la administración educativa; la coexistencia de un sistema paralelo: las amonestaciones; la micropolítica de la escuela. Es decir, describe con agudeza las contradicciones inherentes a un proceso de reforma de los modos de gestión, donde los actores institucionales hacen ejercicio de su poder y desarrollan estrategias de adaptación a las nuevas reglas para que, en esencia, las cosas no cambien. Paulín recupera datos de una amplia variedad de fuentes y realiza interesantes procesos de triangulación, siendo metodológicamente destacable; un buen ejemplo para diseñar investigaciones que combinan abordajes múltiples de la realidad.
Azucena Ramos y Ricardo Vázquez presentan un programa para eliminar la violencia en escuelas preparatorias. Consideran el enojo como la experiencia a partir de la que se inician la agresión y la violencia, y proponen trabajar con ellas mediante talleres vivenciales. El reconocimiento, comprensión y aceptación de las propias emociones contribuye a relacionarse con el entorno de una manera más adecuada y facilita la resolución de los conflictos propios de la convivencia humana, en forma no violenta. Inicialmente, los profesores participan en los talleres, lo que les permite lograr una mayor conciencia y responsabilidad de sus propios procesos afectivos. Habitualmente los análisis sobre la violencia y la indisciplina se enfocan en el comportamiento de los alumnos y no consideran la vida emocional del docente y su incidencia en los procesos analizados.
De ahí lo novedoso e interesante de esta propuesta que luego se pone en marcha con los estudiantes, reportando también resultados favorables. Los autores concluyen con una interesante serie de propuestas de innovación, accesibles a cualquier centro educativo y en las que se destaca la necesidad de incluir el trabajo sobre las emociones y relaciones interpersonales en el currículum. En síntesis, consideramos que este trabajo resulta de valor en varios sentidos y para diferentes públicos. Quienes investigan los problemas de violencia e indisciplina en el ámbito escolar encontrarán riqueza en perspectivas teóricas, definiciones claras y precisas de conceptos fundamentales, posibilidades de contextualizar históricamente sus miradas, modelos inspirativos para el diseño de su metodología de investigación y lecturas de los datos empíricos con las cuales coincidir o disentir en sus propias interpretaciones.
Quienes elaboran políticas o diseñan programas para el ámbito educativo encontrarán algunas orientaciones y, fundamentalmente, numerosas evidencias sobre el carácter complejo y contradictorio de la vida escolar, cuyo desconocimiento conduce, casi inevitablemente, al fracaso de cualquier intento de innovación en materia de disciplina y convivencia escolar.
Los profesores dispondrán de interpretaciones alternativas y teóricamente fundamentadas para aquellos fenómenos con los que el contacto es cotidiano y, en consecuencia, revisar sus propias vivencias, concepciones y modos de actuar, siendo conscientes de que forman parte de la gé nesis y evolución de las situaciones de convivencia. Enriquecer teóricamente la reflexión sobre las propias prácticas de enseñanza, contribuye, además, a la profesionalización del trabajador de la educación.
Finalmente, los alumnos y padres, a partir de la lectura de algunos pasajes que contienen la palabra de los entrevistados, podrán encontrar un espejo en donde sentir reflejadas sus vivencias y poder empezar a hablar de lo que ocurre para buscar, junto con los demás actores sociales, alternativas que permitan mejorar las situaciones que se viven en su centro escolar.


6 comentarios:
hola con tu comentario que haces respecto ala gente solo hay una cosa que te puedo comentar asi como las plantas necesitan el agua para vivir tambien nesecitan el sol con eso te quiero decir que si tu vives del agua tambien nesecitas sol para que puedas ser alguien en la vida no creas que el mundo se mueve a tu alrededor tu te mueves al rededor de el piensalo yo puedo ser el mas naco del mundo pero tanbien puedo ser una persona de lo mas refinada que te puedas imaginar yo soy tu amigo el anonimo y me interesa tu amistad
La violencia escolar hoy en día es muy común ya que por lo regular no se les inculcan valores a los alumnos y es por eso que se da la violencia, otra razón es que los alumnos pueden venir de familias conflictivas, se ha visto que donde se presenta mayor violencia es en la secundaria ya que en esa etapa los adolescentes están mas sensibles ha todo.
opino que la violencia que esta en las escuelas es porque los muchachos no tienen valores y algunos no tienen alguna motivacion por el estudio y piensasn en la violencia.
La falta de valores en un alumno hace que resuelva todo por medio de la violencia, y esto perjudica a los demas compañeros los influye y a otros les molesta esta actitud
La violencia escolar es comun en las escuelas, hay violencia entre los propios alumnos o tambien con los profesores.
La violencia entre los alumnos se debe a la falta de valores, tambien es por pleito en los hogares y esto horrilla a los demas a estudiantes a ser como ellos.
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